*La matrona del barrio El Pradito murió el 24 de septiembre de 2026, el mismo día que nació en el año de 1928.
Es posible que lo más común ante la partida de la madre, sus hijos o hijas escriban sobre ella y se haga con orgullo y se cuente detalles que exalten su paso por este mundo.
Sin embargo, escribir sobre ‘El Roble’ Ballesteros, manera de llamarla en el tiempo, que creció al ver la fortaleza de doña Juana Ballesteros, la señora juanita o doña Juana, tiene sentido, cuando se explora todo este largo tiempo de vida.

Sin duda escribir sobre alguien que vivió casi 100 años hay que tratar de hacer un apretado resumen, “Decirle adiós a la señora Juana es como que parte otra historia del barrio El Prado, con su ejemplo a seguir mujer valiente, religiosa, honesta, llena de principios”, escribe Trinidad Guerra.
Así, decenas de mensajes que reconocen su presencia en este mundo, ayudan, “descansa en paz mi querida tía, tu solo sabías dar amor”, dice Aidé Ballesteros. “Doña Juana sinónimo de amor incondicional, mamá abnegada, amiga y guía, la vamos a extrañar”, escribió Teresa González.

Y es que Juana Ballesteros, tuvo varias virtudes que la hicieron célebre entre la comunidad, nunca envidió, sino que apreció el trabajo y las conquistas del otro, celebró el triunfo ajeno y jamás fue vanidosa, no hacía parte de su decálogo. Compartió todo lo que podía y enseño lo que sabía.
Hoy a su alrededor quedan personas que aprendieron a cocinar un buen arroz, hacer unos pasteles con todos los elementos para el éxito, ejercer acciones que se perdieron en el tiempo como bordar un pañuelo o tejer una camisa que había sido rasgada, vivió al servicio de los demás y murió orando a María.

En la iglesia San Juan Bautista de El Retén, por unos 80 años fue una líder innata, impulsó el nacimiento de congregaciones como las hijas de María, fue una legionaria permanente, y en tiempos de alegría, en su maquina de cocer, se construyeron capuchones, camisas, disfraces que convertían al carnaval en una fiesta de colores. Evangelizó hasta que las fuerzas pudieron.
En su tienda de víveres apagó más de una vez un día de hambre, fiando sin condición, dando la ñapa como un incentivo y fue una líder para muchos procesos que necesitaban un impulso, en tiempo de Semana Santa, Navidad o la tradicional fiesta a San Juan Bautista en El Retén.

Mamá no necesitó tener una gran estatura para ser grande, con su 1.40 fue suficientemente activa para ser admirada y respetada, cultivó el valor de la honestidad, ética y moral hasta el tuétano, enseñó y enseñó, de todo lo que sabía hasta donde pudo. Fue una amiga fiel e incondicional. “Fuiste una mujer ejemplar guía en nuestra fe”, expresa Liliana Puello, “mujer luchadora” expresa Ibeth Althaona, “tu nobleza era única”, Janeth Chacón, “una madre entregada y amorosa, una mujer de fe, que dio un cariño sincero e incondicional” Claudia Mejía.
Juana Ballesteros, nunca hizo nada para que se le reconociera el mérito, al contrario, construyó para que fuera el ejemplo, si en la vida hubiese seres así por montones, hubiese menos conflicto y menos guerra.

Por eso duele mucho que se apagara la vida del Roble, se secaran sus raíces, pero no se puede ser egoísta, su cuerpo ya no soportaba más de tal manera que, lo mejor es pensar que en cada una de sus hojas, quedó un ejemplo para continuar.
El homenaje en su despedida, un sacerdote buscándola hasta su casa, una fila de honor de niños y niñas, canticos a María para su honor y una iglesia llena para despedirla, erizaron la piel, arrugaron su corazón.

Juana Ballesteros a partir de lo sencillo fue elocuente y grande, mantener como símbolo de vida la honradez, el trabajo, el amor al prójimo, la lucha constante sin queja, la ética como símbolo, hacen que su nombre no se borre.

Descansa en paz mamá.