*La noticia de que Jorge Agudelo Apreza está vivo le devolvió el alma al cuerpo a mucha gente en especial a su familia.

Después de días de angustia, de cadenas de oración, de rumores oscuros sobre su desaparición desde el pasado lunes 26 de octubre, una foto de una cámara de seguridad en la Terminal de Transportes de Barranquilla lo muestra abordando un bus con destino a La Guajira.

Alegría, sí. Alivio, sí. Pero a partir de esa foto, lo que viene es una avalancha de preguntas incómodas que ni su familia ni su grupo político aún han podido responder.   

El relato se cae, hasta ayer, la versión oficial de su familia, entregada por su propio padre, era clara: Jorge Agudelo había salido de Santa Marta hacia Barranquilla a una cita con un empresario. Después de esa reunión, se perdió todo contacto. Se habló de desaparición forzada. Se temió lo peor. Hoy esa versión queda en el aire.

La primera pregunta es elemental y demoledora:

¿Por qué un hombre que va a una cita de negocios en Barranquilla termina horas después en la terminal de buses comprando un tiquete para La Guajira?

Segunda: ¿Por qué irse a La Guajira desde Barranquilla, si desde Santa Marta salen buses directos, más baratos y cada hora?  ¿Qué necesidad tenía de hacer un rodeo de más de 100 kilómetros si su destino era el norte?

Tercera, la más grave: ¿Por qué el silencio sepulcral de su familia hoy?

Ayer denunciaron con vehemencia la desaparición. Hoy que aparece una prueba de que estaría vivo y que habría huido por voluntad propia, no hay un comunicado, no hay una aclaración. El silencio también es un mensaje.

¿Ruta de escape hacia Venezuela?

La hipótesis que manejan ahora los investigadores, y que no ha sido desmentida, es aún más perturbadora: Agudelo no se habría ido a La Guajira a hacer turismo. Se habría ido para cruzar la frontera hacia Venezuela y salir del país.

Y aquí se abre el capítulo más crítico. No dudemos ni un segundo: ver a Agudelo vivo genera alegría. Es un ser humano y su vida vale. Pero de confirmarse que su desaparición fue un montaje, una huida voluntaria, serán más las preguntas que las respuestas, y todas apuntan a un mismo lugar.

¿De qué o de quién está huyendo Jorge Agudelo? ¿Cómo se explica que un dirigente que aspiraba a la Alcaldía de Santa Marta termine huyendo como un prófugo por la puerta de atrás de la Terminal de Barranquilla?

¿Fue la presión de las deudas la que lo llevó a fingir su desaparición?

¿Con quién se iba a encontrar allá?

¿Tenía ya un plan de salida hacia Venezuela?

¿Qué viene ahora? La Fiscalía y la Policía tienen ahora que cambiar el enfoque. Ya no es un caso de desaparición forzada. Es una investigación por posible simulación y por las causas reales de la huida. Si Agudelo está en Venezuela, ¿pedirá la justicia colombiana su ubicación?

Si regresa, ¿tendrá que responder por haber puesto a mover a todo un aparato judicial y policial por una fuga voluntaria?

Que esté vivo es una buena noticia. Que este huyendo, es la peor noticia para la credibilidad de quienes aún creían en él.