*En medio del llanto, el dolor, la impotencia y los buenos recuerdos fue sepultado el joven Leandro José Pérez Polo en la ciudad de Ciénaga

Decía el maestro Bastenier que el ‘periodismo de proximidad’ era la clave para construir sino las grandes por lo menos las muy buenas historias, creo lo mismo, solo allí en el lugar de los hechos es donde escuchas lo que dice la gente, te cuentan el hecho, saboreas la alegría o brota una lágrima por el dolor.

Fuimos Claudia y yo a acompañar a Yaneth Polo Barceló, para darle último adiós a su hijo Leandro José, la calle 15 con 18 de Ciénaga era un río de gente, es una familia grande y querida, también tenía otro motivo de estar ahí en medio del dolor, volver a ver a mi sobrina Hellen, quien se fue de El Retén sin despedirse gracias a las miserias humanas a las que nos someten sujetos indeseables.

Hellen, producto de su desarrollo físico, está delgada, pero su carita sigue siendo la de la niña tierna que me dice tío con amor de hija, su abrazo fue cálido y dulce y pude abrazarla mientras lloraba por la partida de su hermano, ¡negrito porqué te fuiste, manito ya no estas! Ahí y ahora siempre brotan las lágrimas, regreso al cementerio en donde despedí a mi hija Marcela Alejandra en el 2015.

Yaneth me ve y también va al cementerio conmigo, me dice ¡Edgar tú sabes qué es esto!, duele la mandíbula y el rostro mismo, sé que siente Yaneth y ella sabe que siento yo, sin duda que tampoco hay punto de comparación, ella tuvo a Leandro en su vientre, lidió su niñez, amamantó su boca, Yaneth tiene un dolor mil veces mayor, a mi se me fue Marce a los 21 a ella Leandro a los 24, soportar entre humanos es una vaina del otro mundo.

Leandro lo tenía todo preparado, quería ser el rey de las sorpresas, compró anillos de compromiso y de boda, en Bogotá le entregó el primero a su esposa Keila Urieles, mientras que el segundo sería al lado de sus padres. En un bus avanzaron su suegra y su hijo Daniel, la pareja confiaba que el viaje en la moto sería divertido y una gran aventura de amor.

Hellen, también vendría y su hermano le ofreció darle un celular y un reloj, ella la niña bella, también estaba llena de emociones, Yaneth tenía todos los temores del mundo, ¡Un viaje en moto desde Bogotá! Sin embargo, había una fuerte oración para que todo saliera bien y una alegría infinita por el regreso del hijo amado.

La fatal noticia arrancó de un tajo todas las emociones de Yaneth, los sueños de su hijo de quedaron tirados en una carretera, solo el abrazo de Raúl su compañero de luchas hacía soporte en la oscuridad de la madrugada, no se puede creer que tantos sueños, un matrimonio, una fiesta, una alegría, un sacramento, se vayan como el agua entre las manos.

Yaneth llora y pierde el aliento, lo mismo hace Hellen, ¡Dónde está el alcohol! Se escucha decir con angustia, es un verdadero drama, los amigos de verdad verdad, están ahí otra vez, Martha y su hija Vivian Buendía, Juan Alberto Miranda y su señora, Vilma Pertuz ‘coco’, es un momento para rodear a la amiga, a la vecina a la hermana de la vida.

En la iglesia el sacerdote recalca que Leandro está en un mejor lugar y que todos debemos bregar por ser buenos ciudadanos a los ojos de Dios y así podamos llegar a su cielo, el sol de Ciénaga es benévolo, para caminar hacia el cementerio, los gritos de llanto aumentan y el desgarrador momento del último adiós a llegado.

Se recuerda entonces que Leandro en manos de su cuñado y compañero de viajes le pidió que hiciera un juramento, ¡Cuidar a Daniel por siempre, que su hijo tenga herencia de paz y amor! La tecnología ayuda y a través del teléfono su esposa en una clínica de la Dorada Caldas lo ve todo, ella sufrió una grave lesión en su pierna, todos esperamos que se recupere, su hijo Daniel espera por ella.

Yaneth Polo poco a poco se va quedando sola con sus recuerdos, así es la vida, una fotografía de la alegría de su hijo fortalece su triste presente, Dios es bueno y debe darle fuerzas para avanzar con su amada Hellen y el pequeño Daniel su nieto. Jamás nos olvidaremos de Leandro y como la vida sigue, Yaneth debe enfrentar su dolor con amor por lo que queda en pie Hellen, Daniel, Raúl.

La princesa Hellen no llenará el vacío que deja Leandro, pero si endulzará los días venideros de su amada madre//