*Hay columnas que no envejecen. Hace más de 30 años, Consuelo Araujo Noguera, ‘La Cacica’, escribió en el periódico El Tiempo, una de las defensas más hermosas y más bravas que se ha hecho del vallenato.
Se titulaba Ahí vas Paloma, de Chiche Maestre.
Consuelo decía que estábamos hasta la coronilla, a punto de asfixiarnos bajo toneladas de basura que nos caía con el nombre de vallenatos. Y que, en medio de ese vaho, José Alfonso ‘El Chiche’ Maestre, un muchacho de Patillal, se vino con todo un señor canto. Un canto con hondura, con fuerza de alma, que en la voz formidable de ‘Poncho’ Zuleta y el acordeón de ‘Emilianito’ logró que se nos volviera a erizar la piel.
Para ‘La Cacica’, esa canción había caído como aguacero en tierra seca. Porque demostraba lo que ella siempre defendió: que el vallenato de verdad no se hace, no se fabrica, no se elabora. Simplemente nace. Nace con fuerza como un muchachito entre sollozos y pataleos después de que lo engendra el sentimiento y lo pare la inspiración.
Y tenía razón. Ahí vas paloma, se quedó para siempre en la lista de los clásicos.
Corte a 2026. ¿Qué ha cambiado? Nada. Y todo.
Seguimos hasta la coronilla de toneladas de basura. Ahora no son los santos cachones y los chacunchás que denunciaba Consuelo, sino las mismas frases vacías de TikTok, los vallenatos de laboratorio, de probeta, como ella los llamó, hechos con diccionario y novelitas rosas.
Y en medio de ese mismo vaho, aparece de nuevo un Maestre.
Pero ya no es el ‘Chiche’. Es Orangel Camilo Maestre Martínez, conocido en el mundo musical como ‘Panguito’ Maestre. Y no es como autor, sino como intérprete. Como esa voz formidable que en 2026 es, sin discusión, una de las mejores que le queda al vallenato.

‘Panguito’ recibe una canción de un compositor nuevo, de la nueva sangre: Richard Daza. Y la canción se llama ‘El Limpiavidrios’. Y si uno la escucha con el mismo silencio, con emoción y respeto que pedía Consuelo, entiende que la historia se está repitiendo.
Porque Richard Daza hizo exactamente lo que ‘Chiche’ hizo en su momento: rompió con la pobreza de las composiciones del momento. Mientras todos están cantando a la tusa con las mismas 4 palabras, Daza se atreve a pintar un retrato. Doloroso, urbano, sin melodrama. Como decía Consuelo del ‘Chiche’, sin cursilería.

En ambos cantos y mensaje cargado de sentimientos:
Es una realidad que no vuelves conmigo / es una realidad que ya te vas de mi / llévate los años vividos conmigo
Nos queda lo grato vivido / borraré lo que haya pasado / si vuelvo a encontrarme contigo / seré el limpiavidrios del carro / que acabe uno baje el vidrio / y le da unos cinco centavos
Eso no es una letra de vallenato comercial. Es una imagen. Es un hombre que prefiere rebajarse a limpiavidrios en un semáforo, a seguir mendigando amor. Es el grafismo que Consuelo alababa en Ahí vas paloma: versos como navajas.
Ahí vas paloma decía: se va a dañarle el camino a otra gente, buscando rumbo, otro pecho, otro amor, otra herida…
El Limpiavidrios dice: tendrás que ser un puntico nomás / en el cielo que te quería regalar.
Es el mismo dolor. La misma estirpe de Patillal que aprendió a narrar musicalmente el diario acontecer. Solo que antes la paloma se iba por caminos de herradura y ahora el despecho se queda en un semáforo, limpiando vidrios por cinco centavos.
Por eso esta columna es comparativa y es celebratoria.
En aquel momento Consuelo celebró el nacimiento de un canto que prendió una luz y clarificó el panorama oscurecido de la música vallenata.
En este 2026, nosotros tenemos que celebrar lo mismo. Que todavía hay mucho que dar en el folclor. Que no todo está perdido. Que de los Maestre de Patillal, herederos del viejo Abraham Maestre que se enfrentó a Cristóbal Lúquez a punta de rimas, sigue naciendo la poesía.
Y, sobre todo, que esta canción, como aquella, fue entregada a la voz indicada. Si en 1990 la voz formidable era Poncho Zuleta, en 2026 la voz formidable es ‘Panguito’ Maestre. Un cantante que no fabrica, que siente. Que le pone el lamento melancólico que necesita un paseo para volverse clásico.
La Cacica cerraba su columna diciendo: benditas sean las noches tristes si de todo eso nació este canto hermoso.
Yo cierro está diciendo: bendito sea el semáforo donde le tocó a Richard Daza reinventarse como limpiavidrios, si de ahí nació esta canción que nos recuerda que el vallenato no ha muerto.
No hay aguacero que no escampe. Ni creciente que no baje. Y vuelve el canto de un autor que intentaba ser feliz.
Ahí va la paloma. Aquí se queda el limpiavidrios.
