*Las redes sociales han bajado su intensidad y ya no se ven apenas se ingresa a ellas, Facebook, Instagram, en especial, una mención, un video cotidiano, una canción cantada, de Omar Geles Suarez.
La sorpresiva muerte del rey del acordeón del Festival Vallenato, del extraordinario compositor y en su última etapa cantante de sus propias canciones Omar Geles, nos ha dejado al tiempo de dolor y tristeza en especial entre su familia y la gente del folclor, varias enseñanzas.
La avalancha de homenajes póstumos que ya Omar no puede ver ni sentir, si fueron vistos por algunos como serios actos de hipocresía, uno de los más duros críticos fue el maestro Alexis Lozano, el fundador de la orquesta de música salsa Guayacán. «No me sorprende nada de las cosas que pasan en este mundo debajo del sol. No me sorprende la maldad de la gente, no me aterra, pero me golpea pensar o sentir que, a nosotros, los músicos, los artistas, nos dan los reconocimientos, los honores, los aplausos, es cuando ya no vamos de este mundo terreno, cuando ya picamos, partimos”. Dijo sin ningún temor.
Pero agregó el maestro Alexis. “Ahora sí suena la música en todos lados del maestro Omar, la ponen hasta los que no lo querían, ahora sí somos buenos, ahora sí eran los mejores. Esta reflexión la hago porque veo muchas cosas con la partida del hermano, maestro de la música vallenata y colombiana, amigo de toda la vida: Omar Geles. Parece que no nos celebrarán la vida, sino la muerte. Qué hipocresía, qué injusticia, qué miserables son.»
También, que salieron a relucir en la prensa tantas cosas sobre el artista vallenato, que cuanto cobraba y ganaba, que deja una fortuna, que tenía esto y lo otro, que la mujer lloró muy poco, que lo hizo bastante, en fin como se dice popularmente, también Geles fue la comidilla para todos por días.
Las redes sociales, lo que también hicieron, eso sí para bien, fue revelar que Omar Geles, era un cipote compositor, se han conocido canciones que nadie sabía que eran de él y como sucede a menudo, la gente cree que son del cantante que la interpreta, (pasa a menudo con Diomedes Diaz), no hay duda: Que extraordinario compositor fue Omar Geles Suarez.
“En los últimos treinta años, fue lo mejor que tuvimos”, dice sin dudarlo el cantante y compositor Michel Torres, “Siento como si Diomedes Díaz hubiese muerto otra vez”, dijo Elder Dayan, y así, un suceso de palabras y frases han nacido desde su partida a otra dimensión.
En las últimas horas se ha conocido que su sobrino Wilfran Castillo, le compuso una dulce y melancólica canción, él que en cada presentación dice, “yo no sería nadie si fuera por Omar Geles”, sabe que un mejor recuerdo de su ser querido es una buena canción.
En medio del homenaje allá en Valledupar, cantó ‘una hoja en blanco’ en compañía de Ana del Castillo, hoy le dice: «Te llevaste los siete mares con mi llanto, es que te extraño tanto, tanto, pero tanto». Se hace acompañar Wilfran de su guitarra y agrega «Ni Arjona, ni Neruda, ni Botero con Picasso podrían explicar lo que te extraño».
Te extraño tanto, tanto, tanto, pero tanto
Te llevaste los siete mares con mi llanto
Es que te extraño tanto, tan hoy tío, pero tanto
Que García Márquez no daría para explicarlo
Ni Arjona, ni Neruda, ni Botero con Picasso podrían explicar lo que te extraño
Y si hubiera sabido que era el último abrazo, te juro que nunca te habría soltado
Te habría hecho café para de alguna forma causarte un retraso
Y no tendría que entender que el espacio entre verte y no verte es tan alto.
Adicional a esto, Wilfran Castillo publicó un video inédito en sus redes social en las que Omar Geles halaga sus dotes de compositor:
«Hoy presumo tu admiración porque realmente recibir esas palabras me hacía sentir y siempre me hará sentir orgulloso de no haberte defraudado como compositor porque tú me diste la oportunidad que me cambió la vida».
Podemos decir con confianza que Omar Geles, permanecerá en el corazón de Wilfran, de su madre, su esposa, sus hijos, su familia y por supuesto de todos aquellos que valoramos su inspiración como un don que le dio Dios para alegrarnos o hacernos llorar por un despecho amoroso.