*Ubicado a la orilla de la Troncal del Caribe está el recorrido verde orientado para que sea una experiencia distinta a los modelos clásicos de castillos y jardines simétricos muy comunes en Europa.
Con motivo del colapso del puente sobre el río Mendihuaca han salido a flote varias de las bellezas turísticas y culturales del área rural de Santa Marta y una de ellas es Laberinto Macondo, un lugar más conocido por visitantes nacionales y extranjeros que los mismos samarios. Gracias a una invitación de la oficina de Turismo de la Gobernación del Magdalena, llegamos a conocerlo.
“Los invito a descubrir el primer laberinto natural de Colombia, el más cercano al mar en el mundo. Con más de 10.000 metros cuadrados, ofrece un espacio único para la diversión y la conexión con la naturaleza, combinando aventura y magia en un entorno incomparable”. Quien lo dice es su cuidador creador Andrés Santiago, quien trabajó junto a su padre Luis para hacerlo realidad.
El joven empresario del turismo se emociona cuando habla del lugar que nació casi al mismo tiempo que él, “mi papá un fiel lector de la obra de Gabriel García Márquez, tuvo esta idea hace unos 30 años, yo tengo 32, lo significa que siempre ha estado alrededor de mi vida, hoy es una realidad y se ha construido poco a poco en el tiempo”, afirma.

El Laberinto tiene más de 27 palos de limoncillo, un arbusto que crece como la bíblica Mostaza, pero que Andrés junto a su equipo Cesar Restrepo, Cindy Solano y su propio madre Luis Santiago, mantienen a no más de 2.5 metros de altura, suficiente para que un ser humano no vea, pero si escuche a quien en el Laberinto ande buscando una salida.
Antes de ir al Laberinto lo espera una paradisiaca entrada que da paso al restaurante, allí inspirado en la riqueza de la comida criolla y los relatos de un mundo encantado, ofrecen platos típicos que preservan nuestras raíces, combinados con opciones modernas como pizzas al horno de leña, ideales para todos los gustos.

A los lados del restaurante una zona verde perfecta y muchos árboles y al frente el Laberinto Macondo, ubicado en el kilómetro 35 de la Troncal del Caribe, en la vía que conecta a Santa Marta con Palomino en La Guajira.
Sin duda que Laberinto Macondo es un espacio que rompe con la idea tradicional de lo que significa un laberinto. No está diseñado para competir contra el tiempo ni para resolver un enigma con una salida definida. No, allí el eje está en el trayecto mismo: en avanzar, detenerse, perder la orientación por momentos y permitir que el recorrido dialogue con quien lo transita. Hay un espacio de paz y enigma, de soledad y esperanza.
“Más que una estructura artificial impuesta sobre el territorio, el laberinto se construye a partir de senderos orgánicos que siguen la lógica del entorno natural. Su propuesta se inscribe en una visión distinta del paisaje y del caminar, alineada con formas de relación más pausadas con el territorio”. Afirma Andrés Santiago.
A diferencia de los laberintos tradicionales, basados en muros rígidos y trazados simétricos, este recorrido se adapta a las condiciones naturales del lugar. Los caminos no son rectos ni previsibles. Se abren, se cierran, se bifurcan y se transforman según la geografía, lo que genera una sensación constante de cambio. La orientación no se pierde por error, sino como parte del diseño mismo del recorrido.

Este tipo de propuesta se aleja de la noción del laberinto como desafío o prueba, y lo plantea como un espacio de tránsito consciente. No hay señalizaciones que indiquen una meta específica ni instrucciones que apuren el paso. El visitante es quien decide cómo avanzar y cuándo detenerse.
Dentro hay estaciones que evocan la historia desde la Casa de Gabo en Aracataca, hasta la canoa del pescador, un mirador que te da la mirada del mágico mundo natural creado por los Limoncillos y un árbol de Macondo que se espera llegue a crecer en 100 años a fin de que las futuras generaciones cuenten una nueva historia.

“Uno de los rasgos más distintivos de Laberinto Macondo es su invitación explícita a caminar sin prisa. En un contexto marcado por la velocidad y la productividad, este recorrido propone una experiencia opuesta: desacelerar y observar”. Comenta don Luis el padre de Andrés y líder de la propuesta hace ya 30 años.
Este enfoque conecta con prácticas culturales y territoriales propias de Colombia, donde el camino no siempre es una línea recta y donde el trayecto tiene valor en sí mismo. En ese sentido, el laberinto no impone una lectura única, sino que se adapta a la experiencia individual de cada visitante.
“Celebren sus momentos especiales en una locación única, perfecta para eventos corporativos, reuniones familiares, celebraciones y actividades recreativas. Disfruten de un entorno natural excepcional para crear experiencias inolvidables”. Mete la cuña Andrés sobre su novedoso lugar.

Así como en el Macondo de Gabo el tiempo y el espacio no siempre siguen reglas lineales, en este laberinto el recorrido se vive sin una lógica de inicio y fin estrictos. La referencia no funciona como decoración, sino como una forma de situar el lugar dentro de una tradición cultural donde perderse también es una forma de comprender. FIN.