*Se dieron dos horas más para que la gente siguiera votando, esa ampliación excepcional por fallos de transporte provocó bloqueos técnicos en el recuento, aunque el tribunal garantiza la fiabilidad del escrutinio.
La situación recuerda a la de 2022. El candidato ultraderechista a la Presidencia de Brasil, Flávio Bolsonaro, ha anunciado que no reconocerá los resultados de la segunda vuelta de las elecciones celebradas este domingo, en las que el actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva, ha logrado la reelección, y ha dicho que pedirá la anulación de los comicios tras la polémica prórroga del horario de votación. Su padre, Jair, actualmente en prisión, tampoco reconoció el resultado electoral cuando perdió ante Lula hace cuatro años.
En una declaración pública tras confirmarse la victoria de Lula con el 51,79% de los votos frente a su 48,21%, el representante del Partido Liberal (PL) ha calificado de «inaceptable» lo ocurrido durante la jornada electoral. Sus críticas se centran en la decisión del juez del Tribunal Supremo Federal, Cristiano Zanin, de ampliar el horario de votación en todo el país durante dos horas debido a los problemas registrados con el transporte público.
Bolsonaro ha acusado a Zanin —al que se ha referido como «exabogado de Lula»— de cambiar «las reglas del juego en medio del juego» y de «atropellar a la justicia electoral especializada» al tomar la decisión a las 17.01 horas (hora local), momento en el que debían cerrar los colegios. «Esto nunca había ocurridoen la historia de Brasil, hubo una ruptura total de la igualdad entre los brasileños de diversas ciudades y estados», ha denunciado el candidato.
“Hay mucho que aclarar antes de que Brasil simplemente acepte este fraude que tuvo lugar en estas elecciones”, dijo durante una conferencia de prensa en Brasilia, la capital.
Desde el retorno de Brasil a la democracia, ninguna elección presidencial ha sido anulada. En 2014, el partido perdedor solicitó una auditoría, pero esta no encontró pruebas de fraude y los resultados fueron confirmados.
En 2022, el Partido Liberal de Bolsonaro impugnó de manera similar la derrota de su padre en las elecciones, pero el tribunal finalmente multó al partido con más de 4 millones de dólares por no aportar pruebas que respaldaran sus alegaciones.
El fracaso electoral de Bolsonaro también supone una pérdida para el presidente estadounidense Donald Trump, que apoyó abiertamente a la familia Bolsonaro en esta contienda. Estos comicios tienen similitudes con los de 2018, cuando Joe Biden ganó los comicios presidenciales y Trump no reconoció el resultado. El magnate republicano tampoco a reconocido la victoria de Lula de este domingo.
La pregunta ahora es cuál será el próximo paso de Flávio Bolsonaro y si apostará por aumentar la tensión en las calles, como hizo su padre tras las elecciones de 2022. En ese año, miles de personas acamparon durante semanas mientras Jair Bolsonaro planeaba un golpe de Estado que acabó fracasando por la falta de apoyo militar. El expresidente acabó condenado a 27 años de cárcel.
Impactos técnicos
La extensión del horario de votación fue ordenada por el Supremo ante las denuncias por la falta de transporte para los electores, a petición de la campañade Lula da Silva, si bien la propia candidatura de Bolsonaro también había solicitado previamente una ampliación, aunque limitada a cinco estados (São Paulo, Santa Catarina, Paraná, Minas Gerais y Rio Grande do Sul). La medida adoptada por Zanin obligó a paralizar el recuento inicial y se tomó pese a la oposición expresa del Ministerio Público Electoral.
La controversia ha sido abordada por el presidente del Tribunal Superior Electoral (TSE), Kassio Nunes Marques, quien ha asegurado que, si bien la Constitución atribuye al tribunal la competencia exclusiva de gestionar el proceso, la medida cautelar dictada por el Supremo tras el horario de cierre oficial «generó dificultades en el proceso electoral». Nunes Marques ha subrayado que «nunca en la historia del TSE hubo ninguna prórroga de este tipo» y ha advertido que modificar los horarios de una elección es algo que «tiene que ser pensado, calculado y estructurado» debido a los efectos colaterales a nivel tecnológico.
Según ha explicado el magistrado en una declaración pública, el dictamen judicial se produjo a las 17.00 horas (hora local), cuando «miles de urnas (electrónicas) en Brasil ya estaban cerradas y su programación impide la reapertura». Para evitar irregularidades y filtraciones, el TSE se vio obligado a ejecutar un «bloqueo» urgente en el sistema de recepción de boletines para que ningún funcionario de la Justicia Electoral tuviera acceso anticipado al contenido de los votos. Esta situación provocó una «retención extraordinaria» de datos a nivel nacional que generó incertidumbre técnica sobre la capacidad de almacenamiento de los servidores.
A pesar de que el escenario fue completamente «inusual», el titular del TSE ha afirmado que, gracias a los esfuerzos administrativos y técnicos de la institución, lograron solucionar los inconvenientes y liberar el flujo de datos a partir de las 19.00 horas (hora local) con un ritmo seguro. «No hubo ninguna alteración derivada de la decisión judicial (…) Por lo tanto, tenemos absoluta seguridad de todo el proceso electoral», ha aseverado.
Para apuntalar la fiabilidad del pleito frente a las quejas del bolsonarismo, Nunes Marques ha aportado datos operativos. De las 499.248 urnas electrónicas habilitadas para esta segunda vuelta, apenas 1.551 precisaron ser sustituidas, lo que representa únicamente un 0,31% del total. Asimismo, ha destacado la labor de las misiones de observadores nacionales e internacionales, las cuales tuvieron pleno acceso a los mecanismos de auditoría y han certificado formalmente la «ausencia de interferencia externa en el proceso electoral».
Mayor participación desde 2006
Según los datos de la autoridad electoral brasileña, la participación en esta segunda vuelta alcanzó el 80,78%. De los más de 158 millones de ciudadanos convocados a las urnas (en un país donde el voto es obligatorio), acudieron 128 millones, situando la abstención en el 19,22% (algo más de 30 millones de electores).
Estas cifras convierten a los comicios de 2026 en las presidenciales con mayor movilización desde 2006, año en el que la participación fue del 83,25% en la primera vuelta y del 81,01% en la segunda.
Precisamente en aquellas elecciones de 2006, Luiz Inácio Lula da Silva revalidó el mandato que había logrado en 2002 al derrotar en las urnas a Geraldo Alckmin, su actual vicepresidente.