*Desde posar desnudo al frente de una biblioteca pública, poner en peligro a una persona con limitaciones físicas en un río, ser el más vulgar en X, Miguel Martínez no es un héroe, es un simple provocador y no pasa de ser un insulto para la sociedad.
Forzado por el compromiso de escribir estas letras ante el silencio cómplice, que no pasó del chisme y los comentarios de comedor, acerca de todo lo que está haciendo el concejal de marras, que con orgullo se hace llamar el Mono, y como estamos todos quienes nos consideramos ciudadanos decentes padeciendo gracias a sus posturas de pseudohéroe, su vulgaridad, su tremenda agresividad y ahora por último sus pataletas en el sagrado recinto del Concejo en busca del máximo de popularidad. Lo hacemos.
Yo ya sabía que es un patán de siete suelas, yo lo sé, lo que me pregunto ahora antes de que finalice el mes de abril es si tiene algún límite Miguel Martínez Olano. A juzgar por lo que he visto antes y ahora como concejal de Santa Marta, la respuesta es no: primero se convierte en candidato a la Cámara con una foto de chimpancé, después a punta de vulgaridades, infundios y ofensas personales su objetivo fue el movimiento Fuerza Ciudadana y sus lideres, después grito a los cuatro vientos que el nuevo sería Carlos Pinedo, al interior del Concejo sigue siendo vulgar, trata de marica a quien lo contradiga, le dice ladrón a quien se le antoje y le mienta la madre a quien esa mañana le dé su gana.
En este punto, está en su éxtasis, no respeta que sea mujer, joven, o anciano, Miguel Martínez no come de cuento, sé que cree un verdadero macho, macho, macho, eso sí lo cargan cuatro policías por patas y manos y grita como una niña que van a violar ¡Auxilio, auxilio! Consumada su pantomima y payasada organizada con antelación, llama a cuánto abogado conocido para que le ayude a construir demandas contra la fuerza del orden a fin de ver que provecho económico y de fama logra. ¡Todo lo tiene calculado, con antelación, nada lo ha hecho al azar! ¡es perverso! Maquiavélico.
Martínez, se da bombo, gruñe, provoca, insulta. Su boca no recibe órdenes del cerebro sino del aparato digestivo: más que hablar, excreta; vomita en tiempo real, sin ninguna revisión previa, todo lo que se le va ocurriendo según las emociones del momento. No es gratuito que en el diccionario de la RAE la segunda acepción de la palabra Mono es primate igual que un animal, no piensa.

Miguel Martínez es “inculto, agreste y rústico”. Por lo menos hay que reconocerle al tipo que tiene su sobrenombre bien puesto. Me atrevería a decir, sin embargo, que El Mono Martínez es mucho más que “inculto, agreste y rústico”. Para demostrarlo muy fácil llega a uno un video por WhatsApp, en donde ordena en la sala, solicita a la policía que desaloje del recinto a uno de sus colegas, el concejal José Alfredo Ordoñez, en una sesión en donde es el presidente de comisión. Por lo tanto, su espectáculo de sentarse en el suelo del sagrado Concejo, volver a ser vulgar, violentar los artículos 47, 65, 83 y 84, era una estrategia. Al día siguiente de su patraña, aparece con un comunicado de respaldo de su partido, podría afirmarse. ¡De tal palo tal astilla! A su vez, se dice que la Procuraduría General de la Nación estaría preocupada, no por sus faltas aberrantes a la norma, sino por qué le quitaron la pijama de hippie empedernido de forma brusca. ¡Va ganando el Mono!

Miguelito, en sus redes les envía a sus seguidores un mensaje peligroso: para triunfar hay que ser atrabiliario y andar por ahí con una actitud irresponsable. Sí, sus escritos en X son una locura y sus videos en Facebook tienen mil compartidos, si otros bárbaros como tú te consienten, si los seudoperiodistas que abren páginas te lisonjean, ¿a quién coño le interesa cómo te comportes?
Así que este Mono reparte ultrajes a diestra y siniestra, escandaliza, putea a quien le da la gana, se agarra los huevos en público, abre un saco de monda y los lanza al aire. Mono sé irrespetuoso, actúa como un bárbaro. Nada malo te va a suceder. «Mientras más vulgar seas, más te aplaudirán; mientras más imprudencias cometas, más te destacarán en los medios. Cipote éxito después de tu payasada te han llamado de Noticias Uno, La W, la radio de Barranquilla y otro poco que desconocen lo que en verdad eres». Dicen en voz baja el resto de concejales.
¿Cómo fue que este ser de modales tan repulsivos se convirtió en un fenómeno de masas? Sencillo: pareciéndose al sector de la sociedad que lo endiosa. No nos engañemos: la Santa Marta de los irascibles tiene al Mono Martínez, como su nuevo patrón en la política, del mismo modo que Colombia tiene a Gustavo Petro o a Álvaro Uribe Vélez, otros capos de las emociones primarias.
Primero Chema Mozo y ahora Pedro Gómez, están con las manos atadas, el primero no tuvo ni idea como enfrentar a este hijo del diablo, y el actual presidente, espera que la próxima vez la policía se lo lleve bien lejos, le meta el susto de su vida, para que al día siguiente no regrese vestido de blanco como si nada, pensando eso sí, cuál será su nueva actuación, cranear su nueva coartada que lo lleve a estar otra vez ‘de Moda’ como Diomedes Díaz.
Hoy me pregunto, será que el canal The History Chanel, está preparando una nueva edición del gran colombiano a ver si Miguel Martínez, de seguro llega a la final. ¿Ustedes que creen?
Volvamos a los videos, Miguel Martínez no respeta pinta para ofender dignidades, no solo es repudiable, sino que por momentos le da la razón a Juan Carlos Palacio, al único al que le teme en el Concejo, como los viejos concejales, Juank desde el principio le advirtió, ¡Ojo a mi tu no me vienes a perratear aquí, yo si te enciendo a patada allá afuera como lo hubiera hecho mi tío Alejandro! Santo remedio.
Miguel Martínez, tiene un doble rasero grande, de manera permanente viola todo el reglamento que quiere, pero minutos después aspira que le respeten esos mismos derechos cuando se los ve en contra. Corre en redes un video donde pide a la Policía que saque del recinto a José Alfredo Ordoñez, por haber aplaudido, con vehemencia reclama orden y respeto por el sagrado Concejo, ese que todos los días humilla y ultraja.
Cada nuevo capítulo de Martínez siendo El Mono excita los ánimos: hay insultos de quienes lo celebran, hay insultos de quienes lo critican. Al pie de este escrito, en el foro de los lectores, van a ver cómo se arma una trifulca entre quienes lo aman y quienes lo desprecian. Esa es otra de las razones por las cuales considero que su actitud es peligrosa: en un país colmado de gente incendiaria, él se exhibe en público con un galón de gasolina en la mano izquierda y una caja de fósforos en la derecha. Inflama, azuza, despierta pasiones básicas, induce a la pelea, al bololo. Y todo eso lo hace en sus redes y ahora aprovecha al Concejo de la ciudad, a donde llegó precisamente con el favor de 3 mil personas que lo ven como la esperanza, de aquellos que ese domingo con una botella de licor en la mano gritaron ¡Voy a votar por el hp Mono, ese es como yo!
En muchos ratos, Miguel Ignacio Martínez Olano, no parece Concejal de Santa Marta, sino un matón de cine. Cualquiera de esos coreanos con una metralleta en la mano, pongamos por caso. En tales momentos no luce tan interesado en hablar como en ajusticiar a alguien: un colega, un enemigo anónimo, e incluso algún seguidor de los que son decentes y buenos ciudadanos. Es lo que pienso cuando leo sus escritos en X de los cuales muestra un orgullo enfermo y vulgar.
“Siempre serás un pobre perro lambón y maricón, Dios proteja a tu familia de un accidente, pero te acordaras de mis palabras cuando estés llorándolo, en un cajón”, en una especie de locura divina viene y mete al creador, “Dios no castiga ni con rejo ni con palo, el maestro murió como un guerrero de la luz defendiendo nuestra ciudad”. Pero segundos después sus dedos son tocados por el demonio y vuelve a la juega. “Te tocaré el hombro perro hijueputa, mal nacido, dile a tu mamá que me acompañe al río que está lloviendo, para levantarla a monda por el culo lleno de mierda que no se limpia bien”. ¡Dios Santo, eso es lo que muchos proclaman como ¡Mono alcalde!

Siempre me ha intrigado que El Mono Martínez, se vea a sí mismo como un guerrero ajusticiador. Lo único que falta es que saque un disco y en la portada se retrate como un Rambo del trópico: gafas militares, ropa camuflada, fusil de asalto, canana atravesada en el pecho, rostro de gánster. El título del álbum podría ser Miguel Martínez ‘El Mono Justiciero’.
El concejal samario, provoca que la transmisión Facebook live de las sesiones siempre genera expectativa, todos esperan con que va a salir esta vez, seguidores y contradictores saben que su patanería no conoce límites. De repente, mira a un lado y le dice marica a un colega, a otro drogadicto y por último ultraja al presidente señalándolo como colaborador de narcotraficantes.
Como van las cosas, un día de estos se levanta de su silla y mirando al frente a una de sus colegas hace un pase de Michel Jackson y se abre la bragueta del pantalón, en señal que él si es verdadero MeroMacho. Un gesto comparable con el del francotirador que en el momento de urgencia acerca la mano al gatillo. Lo dicho: para la psiquis enferma de Miguel Martínez hasta el pene es un arma de destrucción masiva.
Si el anunciador del estadio de fútbol advierte, repite y lo vuelve a decir que en la tribuna de occidental no se permite prender bengalas, eso es lo que hará el Mono, baja frente a la parte de atrás del camerino visitante y la prende, él siempre estará en contra de las normas. Es el justiciero.
Después de gruñirles a sus enemigos, insultar a todo aquel que se le atraviesa en su red de X, allí es un verdadero Rambo con el cuchillo en la boca, no come de cuento, amenaza a las barras, amenaza con chuzarle el ano a las mujeres, pisotea el legado de buenos y grandes concejales de Santa Marta e impone el matoneo donde antes reinaba el orden.
Miguel Martínez considera que el honorable recinto del Concejo de Santa Marta, honorable por él mismo, por institución, no por sus integrantes sean quien sean, es un lugar cualquiera, por eso como un macho victorioso, eructa, se tira un cule peo, se sienta en el piso, tira monda y verga, llega con una camiseta que dice Santa Marta huele a mierda y solo le falta hacer tiros aires.
Finalmente, solo hay que decir que cuando Miguel Ignacio Martínez Olano conozca este escrito, me mandará a todo su sequito de aduladores, vulgares y violentos ‘cibermonos’, a fin de eliminarme, estoy dispuesto a ser difunto a tener que seguir viviendo en medio de su ordinario mundo de sandeces.

Mil gracias Edgar Salas. Muy profesional su comentario, donde describe con detalle y precisión, cómo la falta de tolerancia y decencia a las normas básicas de convivencia, se está presentando en una institución que merece respeto, por parte de uno de los miembros del Concejo distrital.