*Han pasado 27 años, fue un 9 de febrero día del periodista, cuando Consuelo Araujo Noguera entre la rabia, nostalgia e inspiración escribió aquella espléndida columna para el periódico El Tiempo que tituló “Ahí vas paloma, de Chiche Maestre”, su bajada tuvo una carga profunda.

“Cuando estábamos hasta la coronilla y a un punto de asfixiarnos bajo las toneladas de la basura que con el nombre de vallenatos nos han caído encima, José Alfonso el Chiche Maestre, se nos vino con todo un señor canto. Un canto con toda hondura del sentimiento y la fuerza de su alma, que en la voz formidable de Poncho Zuleta y el acordeón de Emilianito logró que nos volviera a erizar la piel y nos hizo poner de pies para escucharlo como se escuchan los buenos vallenatos: En silencio, con emoción y respeto. De paso, puso las cosas en su puesto y prendió una luz que ha clarificado el panorama de la música vallenata oscurecido poco a poco por el vaho de tanta basura en descomposición”.

Que vaina son 27 años y la Cacica se nos fue de manera dolorosa dejando la asesina Guerrilla al folclor de luto y huérfana de su pluma para seguir defendiendo la música de acordeón, y en este tiempo sin Consuelo seguimos soportando esa gran basura que la nueva generación del vallenato todos los días suelta a fin de que el carro de ATESA en Santa Marta la recoja.   

Decía Consuelo de Ahí vas paloma… “La canción en ritmo de paseo y un melancólico tono de lamento cuyo nombre es Ahí vas paloma, cayó como aguacero en tierra seca entre los amantes y defensores de nuestra música, que no nos habíamos resignado a que el vallenato comercial o lo que con ese apelativo se está grabando ahora continuará llevándose por delante y arrumazando la herencia musical de Abraham Maestre, de José León Carrillo, de Cristóbal Antonio Lúquez y de aquellos primeros trovadores ambulantes como Agustín Montero y Francisco Moscote que desde antes de que comenzara este siglo y a fuerza de ponerles melodías a sus sentimientos y de narrar musicalmente el diario acontecer, fueron llenando de poesía los caminos de herradura de la vieja Provincia de Valledupar y de Padilla”. Sabía de qué hablaba ‘mamá Consue’.

Ahí vas paloma Los hermanos Zuleta// cortesía YouTube//

En su columna la que fue ministra de cultura y los cachacos CV le decían que ¿Por qué? Si era una señora con mochila arhuaca, ataca de manera frentera la falta de letra, de profundidad, y critica un remedo de vallenato simple y escueto de ese momento y que hoy sigue vigente lastimosamente.

“La gota fría sigue dejando fríos a quienes la escuchan por primera vez después de más de medio siglo de haber salido del magín del viejo Mile; por eso El testamento de Escalona no se agota así vaya a tener cincuenta años de haberlo firmado y repartido ; por eso a Carmen Bracho y a Juana Bautista y a Matilde Helina las identifica cualquiera por sus solas melodías y por eso, en fin, es que Ahí vas paloma se metió con fuerza y se va a quedar; que nadie lo dude: se quedó ya en la lista de los clásicos del vallenato que se tendrá que citar cuando se hable de los mismos”. Dijo ese día consuelo y 27 años después es cierto, canta Poncho y todo el mundo le sigue

Yo he perdido por ti hasta mi suerte
Yo he perdido por ti todos mis días
Me propuse entenderte como fuera
Pero no resultó, vean que manera

De acabar con lo poco que tenía

Yo sufrí hasta alcanzar pisar mi orgullo
Yo pensé que tu vida era distinta
Eres un huracán de sentimiento
Me sentí enamorado, tan contento
Que hasta quise creerte tus mentiras

Y ahí vas paloma
Ya rompiste hasta el alma de mi alma
Buscando rumbo
Otro pecho otro amor otra herida

Consuelo Araujo hace 27 años definía a José Alfonso. “El autor, más conocido por el sobrenombre de el Chiche Maestre, es un muchacho de alma limpia y buena, profundamente sentimental y romántico de 30 años recién cumplidos; de los Maestre de Patillal, descendientes del viejo Abraham, aquel que en vísperas de una fiesta de Corpus Christi en la población de Atánquez se enfrentó con Cristóbal Lúquez con quien mantenía un antiguo reconcomio por la primacía en el arte del verso.

No se ustedes, pero yo sí recuerdo que ‘Ahí vas paloma’ nace a partir del doloroso desencanto por el amor que sufre el Chiche que alcanza hasta decir:  

Yo esperé hasta el final si es que cambiabas
Tu manera de amarme con reproche
Pero me fui imposible dominarte
Todo lo que te di, tanto adorarte
Se quedó en un rincón aquella noche

Y esa frase inmortal “Todos saben que eres una reina. Linda tu cara, Pero tienes un témpano adentro”.

Consuelo la define de forma perfecta y comprende su tristeza: Chiche Maestre, silenciado desde hacía ratos bajo la mordaza de una domesticidad artificiosa, tuvo que desangrarse en el pozo sin fondo de un terrible desencanto para que de los recovecos de su alma salieran, con asombroso grafismo, esos versos como navajas y esa melodía-lamento de Ahí vas paloma.

“Que lo afirme o que lo niegue este muchacho patillalero, bonachón y sensitivo que cuando no aguantó más la presión que le impedía respirar y sonreír y cantar, se sacudió el garabato que lo tenía subyugado, se llenó de coraje y más que un canto pintó un retrato. Un retrato perfecto de alguien que se conoce hasta los tuétanos y cuya pintura duele, pero a la vez libera”.

Reina Guajira canta Elder Dayán toca el acordeón Lucas Dangond// cortesía YouTube//

El tiempo pasa y Chiche superó el luto que a veces produce el amor, hoy se le ve sonreír y cantar sus propias canciones, que son mucha, pero hace poco se le dio por conocer un pedazo-jopo-cipote-astilla de canción como diría Migue Medina allá en Pedraza y la tituló Reina Guajira.

De inmediato como diría Consuelo Araujo, no se necesita de mucho para que el público celebre, esta vez no es Poncho, sino el hijo de Fundación y uno de los más de 25 hijos de Diomedes, Elder Dayan, el que tiene el privilegio de cantar su gran inspiración. Hace ya más de 30 años el Chiche Maestre nos fue acostumbrando al deleite de un vallenato nuevo pero bello, con acentuada tonalidad romántica que, no obstante, el lenguaje moderno y citadino que emplea, no disuena dentro de las voces clásicas que forman el vallenato auténtico.

“Lo suyo es el amor y el goce y el dolor que este proporciona. La búsqueda constante de la compañera ideal y la reafirmación de los valores del espíritu que nunca pasan de moda: la tierra, los amigos, los recuerdos de la infancia, el pueblo donde la vida parece que se hubiera detenido. A eso le ha cantado con versos que reflejan los mismos sentimientos que todos alguna vez hemos sentido y con estrofas y melodías bien concebidas y unos tiempos musicales muy bien manejados”. Ese es Chiche Maestre en su nueva canción Reina Guajira.

Chiche un romántico empedernido que estudió en comunicación social con Luis Oñate Gámez que le servía de guacharaquero en tiempos de parrandas, se confiesa con el maestro Juan Rincón. “Le cuento que esa canción era relativamente nueva cuando se la entregué en borrador al cantante y amigo Elder Dayán. La interpreté con la guitarra y enseguida a él le gustó. No me dejó montarla de manera adecuada, cuando ya la tenía grabada en su celular. De una se adueñó de ella”.

Sin más pausa habló de la mujer protagonista de la canción, sin decir el nombre, ni el lugar del sur de La Guajira donde la conoció porque fue algo que nació y se escapó en un par de días. Días que fueron llenos de esos privilegios gloriosos donde dos seres sin tocarse se embriagaron de pasión.

“A esa joven hermosa, graciosa y elegante la conocí en una fiesta donde coincidimos, hablamos y hasta cantamos. En ese momento hubo miradas y una conexión extraordinaria, siendo algo fugaz y con muchas ataduras. Todo quedó hasta ahí, cuando de repente miré unas fotos donde ella celebraba su luna de miel y me estremecí”, le dice a Rincón el a quien con confianza podemos llamar maestro José Alfonso ‘Chiche’ Maestre.

Con la sinceridad que caracteriza sus canciones, tocadas de desamor y largas tristezas, aseveró: “El compositor tiene la licencia de dramatizar todo lo visto y lo que siente. Yo no tenía ninguna intención y menos la libertad requerida. Por eso digo, no es igual estar en una nube que en el suelo, y era mejor regalar versos cargados de adiós”. Eso sí, le prometió a la reina guajira que viviría hasta en su sangre.

Juan Rincón que también es poeta termina esta columna escribiendo. “Encantadora ‘Reina Guajira’, gracias por aparecer en un bello canto donde en épocas lejanas también figuró una sirena encantada, una paloma que voló bien lejos, aquel mártir solitario que no creía en el amor. También el llanto de un rey porque su princesa huyó, y de igual manera, a lo lejos apareció el confidente peregrino, a quien se le estaba acabando la vida al pisar hojas secas cubiertas de recuerdos”.

En el horizonte musical se pintan esos versos que se repiten sin cansarse porque el testimonio del folclor es fiel. “Me gustaba escucharte cantar, disfrutamos la lluvia y el sol, y en un mundo sin nombre, sin ley, donde solo se valía soñar, pero más no te podía ofrecer. Yo sin tiempo y un reloj tan cruel, y el pretendiente fiel que andaba por ahí, primero se ganó a tu papá” …

No en vano José Alfonso el Chiche Maestre Molina es un legítimo heredero del noble viejo Abraham Maestre, aquel que así perdiera en un enfrentamiento con Cristóbal Lúquez en Atánquez, a la semana siguiente ya estaba listo para medirse con José León Carrillo o con Agustín Montero en Patillal. Y triunfante o derrotado, triste o alegre, seguía campante bajo la luna o bajo el sol tocando su acordeón, cantando, verseando y dejando una estela de poesía elemental, costumbrista, romántica, pero poesía al fin y al cabo por los viejos caminos de herraduras de la provincia de Valledupar y de Patillal.